Inaugurar
escuelas es el mejor homenaje que se les puede hacer a las comunidades de estos
tiempos. Inaugurar escuelas es la acción más valiosa con que se puede rememorar
a figuras como Salomé Ureña, Pedro Henríquez Ureña, Eugenio María de Hostos,
Juan Bosch, entre otros; docentes que constituyen emblemas nacionales de la
educación. Inaugurar escuelas es abrir caminos de esperanza a la niñez y a los
jóvenes.
Hay que
comprender, que el puente entre la familia y la comunidad es la escuela. Por
eso, se hace necesario que la escuela se convierta en una comunidad de
aprendizaje con el suficiente liderazgo para educar y propiciar los cambios
necesarios, humanos y económicos, en las comunidades más deprimidas.
Desde la escuela
se apela a los directores y directoras, como profesionales de la gestión
escolar para que hagan de sus centros educativos “Escuelas Responsables” con
metas claras y concretas que deberán sumar en el accionar de su personal
docente y administrativo, sobre la base de dos actitudes básicas: la
comprensión intelectual y la comprensión humana.
Desde la escuela
se apela a los maestros y maestras, como especialistas del proceso
enseñanza-aprendizaje para que hagan de su práctica docente la expresión y el
testimonio de cuatro principios fundamentales: Aprender a ser, aprender a
aprender, aprender a convivir y aprender a educar.
Desde la escuela
apelamos a ustedes, padres y madres e instituciones representativas de la
comunidad, como socios y “pie de amigo” para que den muestra de apoyo a la
educación de sus hijos e hijas, con actitud de integración a las tareas de la
Escuela; porque como es la escuela, así es la comunidad.
“La calidad de
vida es la aspiración de todos; pero esta calidad de vida depende de la calidad
de los seres humanos, y la calidad de los seres humanos depende de la calidad
de la educación que reciben. Así, la función básica de la escuela es construir
seres humanos de calidad.”
Villa Altagracia, 14 de Noviembre 2012.
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